domingo, 29 de noviembre de 2015

Love & Mercy


Seguro que os ha pasado en alguna ocasión que, después de ver una peli, algo ha sacudido vuestra mente hasta hacer que muchos días después de verla sigáis pensando en ella. Una historia que se mete en tu cabeza y que, de repente, te hace entender alguna de las cosas que hasta entonces estaban arrinconadas en tu memoria.
Hace tiempo me pasaba de pascuas a ramos, con esas películas que ya siendo consideradas clásicos, son descubiertas por ojos adolescentes e incorporadas a su vida, como uno de los elementos sobre los que sentar la base de sus conocimientos para poder “fardar” de vez en cuando, sin darte cuenta que al mismo tiempo esas películas te van robando pedacitos de tu corazón. Hasta que con el paso de los años te das cuenta que, al final, el cine te ha robado el corazón, y al recordar aquellas películas, una ligera mueca a modo de sonrisa aparece en la comisura de tus labios cada vez que las redescubres zapeando entre la insustancialidad temática de la televisión española.
Con el paso del tiempo, cuando tus ojos están saturados de filmografía, esas sacudidas viendo películas se van espaciando en el tiempo, hasta que sólo sientes ese shock, como mucho, un par de veces al año. Para mí, las últimas ocasiones han sido “La vida de Pi”, “El atlas de las nubes” y “Whiplash”. Y “Love & Mercy”, una biografía de Brian Wilson, el líder indiscutible de “The Beach Boys”.


“Love & Mercy” es la representación del proceso creativo mental de un genio, la representación física, a través de ondas sonoras, del pensamiento de una persona buscando siempre que el sonido imposible tuviese cabida en un pedazo de vinilo. Pero ese proceso tiene un precio, y los genios lo pagan, sin importarles nada lo que arriesgan para extraer de ellos mismos el jugo, la esencia de aquello que sólo su mente es capaz de crear: puede llamarse locura, desequilibrio afectivo o simplemente, adicción a sustancias que les hacen ir más allá de sí mismos, para recolectar aquello que sólo crece en lo más profundo de uno mismo. No, no estoy haciendo apología de las drogas. Sólo plasmo mi idea de lo que siento respecto a todos aquellos artistas que dieron sus vidas por ir a un lugar al que creían que únicamente se llegaba a través las drogas (y que no son pocos).


En “Love & Mercy” encontramos dos etapas distintas en la vida de Brian Wilson: una primera etapa (interpretado por un excelente Paul Dano), en pleno proceso de creación de uno de los álbumes más importantes de la historia de “The Beach Boys”, el “Pet Sounds”, en el que Wilson es capaz de hacer cualquier cosa para que en el estudio todo suene como en su mente, buscando la perfección e intentando buscar la excelencia a través de superar a “The Beatles”. Las escenas buscando los sonidos para “Wouldn't it be nice” muestran el talento, el prodigio, pero también la capacidad de trabajo, llevado hasta el extremo. Mientras, en la segunda etapa (en la que Brian Wilson es interpretado por John Cusack) vemos la decadencia del genio  producida por una vida llena de excesos, pero sobre todo, por un control absoluto por parte de aquellas personas que han encontrado un filón en una persona desprotegida.


Es la combinación de estas épocas la que consiguen dar la visión global de un genio. Hay que ser muy grande para que tu grupo triunfe en todo el mundo (en Estados Unidos, la figura de “The Beach Boys” es tan grande como “The Beatles”) haciendo canciones sobre la playa, el surf y los coches sin que te guste ninguna de las tres cosas.
En definitiva, una buena peli para descubrir a un genio de la música.




domingo, 8 de noviembre de 2015

Regresión (Regression)



El cine siempre fue, es y será una deliciosa trampa a la que acudimos gustosamente para ser engañados por un grupo de titiriteros que juegan con nuestra mente a su gusto. Los guionistas crean historias con trampantojos que nos hacen ver cosas que no sucedieron e imaginar situaciones que nunca ocurrieron, para, finalmente, derruir aquello que nuestra mente ha ido construyendo durante dos horas para impostar un final que cuadre con las pequeñas pistas que nos han ido dando.
Pero a veces la mente supera a los guionistas, porque consigue interpretar las miguitas de pan dejadas por quien escribe las tramas para que, al llegar al final, esa pieza que pretenden hacer encajar ya esté incrustada y sea imposible de sustituir. Esta situación ocurre principalmente en esas películas tan previsibles, que con sólo un pequeño detalle inicial sepas cuál será la resolución, y te deje en la butaca que ni fu ni fa.


En “Regresión”, Amenábar lo intenta: crea un clima incómodo, áspero, frío, en el que no te hace sentir cómodo, para que tu construcción mental de lo que pueda ir sucediendo tampoco lo sea. Y para ello pone de su parte una producción muy americana y una dirección espectacular, en el que maneja milimétricamente las emociones de los actores para que el espectador se mantenga sin pestañear a la espera de las pequeñas pistas que le permitan hacerse su particular construcción mental. Incluso consigue en determinados momentos rememorar efímeros recuerdos de “Tesis”. Pero son sólo centelladas, escarceos juguetones que se quedan en nada en cuanto cambia el plano.


Pero lo peor de “Regresión” es la sensación final: ni tu construcción se derrumba ni te ofrece otra para impostar, sintiendo que lo que acabas de ver es una mentira muy bien rodada, con abundantes medios, hasta que pasados unos minutos piensas que la campaña de marketing que la acompaña ha sido mejor escrita que la propia película.



En definitiva, allá vosotros.

Valerian y la ciudad de los mil planetas (Valerian and the City of a Thousand Planets)

A veces, en la vida, hay que dejar el traje de adulto que el tiempo nos impone inexorablemente para poder disfrutar. Sí, sé que según os ...