domingo, 26 de febrero de 2017

Breaking Bad



Me costó, y bastante, coger el ritmo y pillarle la gracia a Breaking Bad. Tanto que hasta la cuarta vez que vi el primer episodio no decidí ir más allá y comenzar la aventura de lo que sin duda puede ser la mejor serie de la historia. No me hacía gracia su supuesto humor, su trama simplona y unos personajes que daban más pena que otra cosa. Pero poco a poco me fui enganchando, viendo que si rascaba la superficie de una socarronería impuesta encontraría mucho más.


Después de eliminar esa capa de insustancialidad que desvirtuaba la realidad, como quien quita la cáscara a un huevo cocido, encontré a Walter White, el protagonista de la Divina Comedia moderna. Porque Breaking Bad es la historia de una bajada a los infiernos más profundos del ser humano, un viaje a la esencia del hombre en aquellos momentos en los que entra en juego el instinto de supervivencia y sale a relucir nuestro verdadero yo: la ruindad, el egoísmo, la maldad.


La diferencia entre Walter White y Dante Alighieri es que el camino hacia el infierno del primero parece no tener fin: es un continuo descenso hacia las más profundas perversiones del ser humano, mucho más allá de los nueve círculos de pecado descritos por Dante.


Inexplicablemente le coges cariño. No sabes por qué, pero acabas idealizando a alguien del que sin duda te apartarías si fuese tu vecino o tu compañero de trabajo: intentas colar cada una de sus frases en la primera conversación que puedes, te pones camisetas con su cara y bebes el café en tazas que le recuerdan pese a ser uno de los personajes más despreciables jamás escrito. Pero le quieres. Quizás porque es un tipo normal con mala suerte. O con la suerte esquiva por su forma de ser. O porque la vida le tenía preparado un destino al que ha llegado por el camino más difícil, sirviéndose de las actitudes que la gente rechaza de manera habitual. A lo mejor incluso es un tipo valiente disfrazado de ingenuo, o un ingenuo disfrazado de valiente. El caso es que el carisma que desprende Walter White embriaga aquello que le rodea, y me hace envidiar a aquellos que aún no habéis visto Breaking Bad, porque podréis descubrirle, y es algo que algunos ya no podremos volver a hacer.



sábado, 11 de febrero de 2017

Múltiple (Split)


A veces, las películas son algo más que una secuencia de imágenes que cuentan una historia. Unas veces trascienden (o lo intentan) en la filosofía del ser humano; otras sirven como cápsula de moralidad para enseñarnos en qué clase de mundo vivimos y la clase de gente que nos rodea; en alguna ocasión sirven para denunciar situaciones esperpénticas que solo el ser humano es capaz de crear; últimamente afloran la nostalgia del espectador al hacerle rememorar películas que vieron hace más de treinta años…


Aunque la realidad es que la mayoría de las películas sirven para lo que están hechas: entretener al personal durante dos horas y activar el espíritu consumista de palomitas, chucherías y otras mierdas que no se te ocurre consumir si piensas en que llevas una semana cenando lechuga para intentar mantener el tipo.


Desde “El sexto sentido”, las pelis de Shyamalan son algo más: proponen un juego al espectador, un extra de atención en busca de la trampa sobre la que se basa la trama. Y allí estamos todos, pensando en ese gesto, esa mirada, ese diálogo que nos hagan dar con la clave que da sentido a la peli. Así le ha pasado, que cuando no hay ni gesto, ni mirada, ni diálogo, sino que lo que has visto es lo que hay, le han salido truños como “El incidente” o “La joven del agua”, que te dejan el cuerpo revenido y lo único que puedes hacer es intentar sacarlas de tu mente y olvidarlas lo antes posible.


Hace un par de años Shyamalan retomó la senda: “La visita” esconde la trampa bajo una peli de terror con momentos especialmente inquietantes y tenebrosos, hasta llevarte a un final perturbador. Y con “Múltiple” lo ha vuelto a conseguir sin necesidad de acudir a histrionismos ni a alzar la voz: un buen guion te brinda un universo de posibilidades. Si eres capaz de embaucar a un actor que te lo dé todo por el bien de la película, mejor. Y James McAvoy se entrega, mostrándonos una serie de registros que dan vida a un buen puñado de personajes entre los que buscar la trampa de una peli que puede no tenerla. ¿O sí?



Dunkerque (Dunkirk)

Os va a sonar raro, pero Dunquerke no es una película bélica. Según palabras del propio Christopher Nolan , Dunkerque es un thriller ...