miércoles, 25 de enero de 2017

La La Land


Unas notas suenan al piano, a un tempo más lento del habitual. Casi se escucha el silencio entre nota y nota, mientras el pianista levanta levemente la mirada y encuentra unos ojos frente a los suyos, entre los que aparece una complicidad que nadie conoce. Esa mirada hace que todo el público allí presente desaparezca y ambos recuerden su historia en un pestañeo. Una historia de sueños compartidos y amor que nunca pudo tener un final feliz. ¿O sí?
Todos tenemos sueños. No, no me refiero a los sueños que aparecen de vete tú a saber dónde mientras dormimos. Me refiero a los sueños que tenemos despiertos, nuestras aspiraciones, nuestros deseos más profundos. No, tampoco me refiero a las cuentas de la lechera con las loterías, primitivas, euromillones y demás. Me refiero a eso que queremos con nuestra alma, esos sueños por conseguir algo que nos acompañan como un come come, un run run o como lo queráis llamar.


Algunos persiguen sus sueños hasta que los consiguen; otros en cambio se resignan a poder vivir una realidad en la que creen ser felices, pero en el fondo habrá algo encerrado en ellos mismos que les pondrá muy difícil serlo. Otros ni sueñan y pasan por la vida viendo la vida pasar.
La La Land habla de los sueños, de buscarlos, de perseguirlos y luchar por ellos con el mejor cimiento que el ser humano es capaz de encontrar: el amor. Imaginad un edificio en construcción asentado y sujeto por maderas a modo de traviesas entre puertas, ventanas, pisos y demás elementos abiertos. El edificio crece y la madera lo sujeta. En La La Land esa madera está representada por dos personajes que se conocen y comienzan la búsqueda por conquistar sus sueños apoyados el uno en el otro, sirviéndose ambos de brújula para no perder el camino.


El problema aparece cuando para cumplir tu sueño él (Ryan Gosling) pierde algo de su esencia y se deja llevar. Es entonces cuando comienzan a retirarse los maderos que cimentaban el edificio, mientras ella (Emma Stone) sigue fiel a sí misma. Al final, con el edificio ya construido pero con los caminos separados uno y otro siguen luchando, mientras las maderas que una vez sirvieron de sostén a algo tan especial están ahora arrinconadas sobre un montículo de arena a la intemperie. Pero el edificio siempre estará allí para ellos, y recordarán, cada vez que sus ojos puedan verlo, que una vez fueron parte de algo especial, de un algo que sólo ellos conocen y recuerdan cada vez que unas notas suenan al piano, a un tempo más lento del habitual…






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