domingo, 26 de octubre de 2014

Relatos Salvajes


Todos tenemos situaciones que nos sacan de quicio: que intenten colarse en la cola del supermercado, que te jodan una peli en el cine con los cuchicheos, el gilipollas que va pegado a tu coche porque no te puede adelantar y decide ir lamiendo tu parachoques trasero,... y así  un montón de situaciones cotidianas que si no fuese porque tienes un poquito de cordura harían que tu vida fuese "Un día de furia" permanente.


Pero un día estallas. Ese día tonto en el que todo se tuerce, y desde que te levantas de la cama y te duchas ya empieza el karma a dar por saco: primero el despertador del móvil no sonó a la hora programada, y por mucho que corras ya llegas tarde. Luego, mientras te duchas, cuando tienes el pelo lleno de champú y coges el gel, te das cuenta de que está el bote vacío. Te medio secas para salir de la ducha pero acabas llenando el baño de agua, y el bote de gel de repuesto (en el caso de que lo haya, porque como el día sea chungo ni eso) está al fondo del armario. Sales de casa cuando ya deberías haber llegado al trabajo, y te han dejado el coche encajonado entre el de delante y el de detrás. Así que a costa de la integridad de tus parachoques, no te queda otra que hacerte hueco. Y cuando consigues salir y te pones en marcha, el seguidor de la Fórmula 1 va detrás de ti intentando cogerte el rebufo cuando vas a 40 Km/hora. El mosqueo ya ronda tu mente, y decides reducir a 30 e ir pisando el freno cada 20 metros. Hasta que por fin el gilipollas de detrás se separa. Pero como está lloviendo, el acceso a tu lugar de trabajo está cortado porque una balsa de aguas ha inundado la vía de servicio. En ese momento es cuando le das la primer mamporro al volante y te haces daño en la mano. Vas a estar todo el día con el recordatorio del golpe, y cualquier otro golpe que te des va a ser en el mismo sitio con el que golpeaste el volante. Pasan 20 minutos para recorrer 200 metros y llegas al trabajo, y en cuanto entras por la puerta resoplando por la última carrera que te ha hecho adelantar cinco míseros segundos, te comentan que no hace falta que corras que los servidores se han caído y que no funciona ninguna de las herramientas con las que realizas tu trabajo.
Pero, ¿qué ocurriría si tu día de furia se mezcla con el día de furia de otra persona? ¿Y si el conductor que te sigue pegado decide embestirte en vez de dejarte hueco? Eso es "Relatos Salvajes", una mezcla de historias que van un poco más allá de lo que estamos acostumbrados hasta dejarte con la boca abierta por el asombro y con una carcajada escapándose antes de que puedas cerrarla.
"Relatos Salvajes" es un álbum de historias donde la venganza es un elemento transversal a todas ellas, en las que las situaciones llevadas al extremo pretenden dar una idea en conjunto, a modo de crítica,  de lo que es la sociedad actual.
Un viaje en avión, un cliente en un restaurante de carretera de mala muerte una noche de lluvia, un incidente de tráfico, un coche mal aparcado, un atropello mortal y una boda son los escenarios donde quedan al desnudo las vergüenzas del ser humano, quizás llevadas un poco más allá del límite, lo que causa perplejidad en el espectador y al final, es la nota discordante con el cine actual: la transgresión que no llega prácticamente en ninguna de las películas que se estrenas la ha logrado Damián Szifrón con unas historias que hacen reír de puro dramatismo, como válvula de escape de la tensión acumulada por unos personajes superados por las situaciones que les ha tocado padecer.
"Relatos Salvajes" tiene un reparto coral donde ninguno de los intérpretes desentona, pero si hay que destacar a alguien, me quedo con Ricardo Darín, que a un personaje que se podría considerar pelma (aunque motivos no le falten), acabas pensando que hace lo que un hombre tiene que hacer.
Así que, hala, a disfrutar y descargar tensión con "Relatos Salvajes". Ya si eso me contáis...

sábado, 25 de octubre de 2014

Coherence


En 1923 el paso de un cometa sobre Finlandia causó extraños efectos sobre los habitantes de una población, que llegaron a dudar de las personas con las que llevaban conviviendo una vida entera. En la actualidad, en una ciudad cualquiera, un grupo de amigos se reúnen para cenar y celebrar el paso del mismo cometa.


Lo que se presume una cena cordial entre amigos, con ese toque amargo que van dejando las rencillas, los celos, las envidias y las críticas servidas con la sutileza de una sonrisa en la comisura de los labios, se transforma de buenas a primeras en el desconcierto que proporciona un apagón, que sirve como botón de inicio a una de las historias de ciencia ficción más refrescantes de los últimos años, lo que le sirvió para hacerse con el premio al mejor guion del festival de cine fantástico de Sitges.
He leído críticas y comentarios que conjugan la existencia de "Coherence" con las películas de viajes en el tiempo, pero no esto de acuerdo con la asimilación. En "Coherence" asistimos a el despliegue caleidoscópico de realidades tras cada decisión de los personajes, que no dejan de ser juegos filosóficos con la mente del espectador. Si no, ¿por qué uno de los elementos esenciales de la trama es la teoría del  Gato de Schrödinger? (una vueltecita por Wikipedia os la explica estupendamente).
En definitiva, una peli esencial si os gusta el género de la ciencia ficción, tan manoseado que una película como "Coherence" sirve para dejar pasar un poco de aire nuevo a un género en horas bajas en lo que a ideas se refiere. Así que ya sabéis, podéis ir a verla y pasar un rato muy entretenido o no hacerlo, con lo que estaréis creando una realidad alternativa y paralela que en cualquier momento podría colapsar vuestro universo...Allá vosotros.

domingo, 12 de octubre de 2014

Perdida (Gone Girl)


Reconozco que fui con cierta tensión a ver “Perdida”, porque luego pasa lo que pasa: contra más altas son las expectativas con las que vas a ver una peli, mayor es el porrazo que te llevas. Pero, afortunadamente, no ha sido el caso. Ha sido de las pocas veces en las que por muy altas que fueran las mis expectativas, se han visto superadas con creces.

David Fincher te engancha poco a poco en su trama. Crea un goteo de información en tu mente a su antojo, que para evitar que rebose hace que defiendas situando un vaso en el lugar en el que va cayendo cada gota. Clap, clap…lo tienes controlado, ya no se te escapa nada. Tu mente recopila cada gota y las agrupa todas juntas. Pero Fincher es el que maneja el grifo, lo abre y lo cierra a su antojo, haciendo que las verdades y mentiras de los personajes varíen lo que era en un principio un gotear rítmico. Clap, clap, clap…intentas observar cómo crece cada gota antes de caer, alimentada por la trama en la que Ben Affleck se ve envuelto en la desaparición de su mujer. Su idílico matrimonio sólo es una fachada sostenida por endebles cimientos que su mujer (Rosamund Pike) lleva sobre sus espaldas.
Clap, clap,… no te has dado cuenta y el goteo de repente se ha convertido en un hilillo que hace que el vaso se vaya llenando cada vez más rápido, aunque curiosamente, y al mismo tiempo, se vacía. Te deja descolocado, desubicado, y ya no sabes que creerte y que no, que personaje esconde algo y cual está dando la cara.
Clap, clap…y en un pestañear tu vaso está a punto de rebosar. No sabes que ha pasado, pero te ves observando crecer esa gota que sabes hará desbordarse todo en el momento en el que Fincher quiera. Y justo en el momento en el que percibes que la gota no podrá soportar más peso, y ves como se desprende a cámara lenta para ir cayendo en una décima de segundo que parece una eternidad, te das cuenta de que el vaso está vacío, mientras el agua ya te llega a la altura de las rodillas.
Fincher lo ha vuelto a conseguir: es un trilero que se vale de la imagen, de un guion prodigioso y de una Rosemund Pike arrolladora para dejarte con la boca abierta tras dos horas y media, y después de saberte engañado, hacerte salir una vez más contento del cine.
En definitiva, una de las pelis del año. No os la perdáis.

domingo, 5 de octubre de 2014

Jack Ryan: Operación Sombra (Jack Ryan: Shadow Recruit)


Así de primeras ponerte una peli de Kenneth Branagh como que da pereza. Después te fijas un poco en la carátula de la peli y ves a Kevin Costner teñido de rubio y la pereza se convierte en mitad estupor, mitad curiosidad. Y allá que te pones, a ver lo que al final no deja de ser una de esas pelis que simplemente sirve para pasar el rato, no sin antes ver como poco a poco la poca verosimilitud de la historia confirma definitivamente que Kenneth Branagh debería dedicarse a su especialidad, las historias de Shakespeare.


Las pelis del personaje de Jack Ryan interpretadas por Harrison Ford ("Juego de patriotas", "Peligro Inminente") tienen algo de lo que carece  "Jack Ryan: Operación Sombra": sencillez, que no hace más que transmitir credibilidad  una historia que, aunque de espías, puedes llegar a creértelas. Sin embargo, "Jack Ryan: Operación Sombra" es más una historia de James Bond que otra cosa. No veo que Tom Clancy imaginase a su personaje tal y como lo retrata Branagh.
No digo que Chris Pine no sea un buen Jack Ryan: lo que digo es que seguramente le haya tocado interpretar al personaje con el peor guion de los rodados hasta ahora. A pesar de todo, sale airoso de afrontar el reto de retomar el personaje interpretado anteriormente por Alec Baldwin, en la estupendísima "La caza del Octubre Rojo", Harrison Ford y Ben Affleck ("Pánico Nuclear").
Lo que no veo tanto es a Keira Knightley como heroína de acción, porque se la ve más como un pan sin sal perdido en un tiovivo que acaba siendo un elemento esencial de la inteligencia de la CIA.
En definitiva, una de esas pelis para no buscarle los tres pies al gato. Allá vosotros.