sábado, 11 de febrero de 2017

Múltiple (Split)


A veces, las películas son algo más que una secuencia de imágenes que cuentan una historia. Unas veces trascienden (o lo intentan) en la filosofía del ser humano; otras sirven como cápsula de moralidad para enseñarnos en qué clase de mundo vivimos y la clase de gente que nos rodea; en alguna ocasión sirven para denunciar situaciones esperpénticas que solo el ser humano es capaz de crear; últimamente afloran la nostalgia del espectador al hacerle rememorar películas que vieron hace más de treinta años…


Aunque la realidad es que la mayoría de las películas sirven para lo que están hechas: entretener al personal durante dos horas y activar el espíritu consumista de palomitas, chucherías y otras mierdas que no se te ocurre consumir si piensas en que llevas una semana cenando lechuga para intentar mantener el tipo.


Desde “El sexto sentido”, las pelis de Shyamalan son algo más: proponen un juego al espectador, un extra de atención en busca de la trampa sobre la que se basa la trama. Y allí estamos todos, pensando en ese gesto, esa mirada, ese diálogo que nos hagan dar con la clave que da sentido a la peli. Así le ha pasado, que cuando no hay ni gesto, ni mirada, ni diálogo, sino que lo que has visto es lo que hay, le han salido truños como “El incidente” o “La joven del agua”, que te dejan el cuerpo revenido y lo único que puedes hacer es intentar sacarlas de tu mente y olvidarlas lo antes posible.


Hace un par de años Shyamalan retomó la senda: “La visita” esconde la trampa bajo una peli de terror con momentos especialmente inquietantes y tenebrosos, hasta llevarte a un final perturbador. Y con “Múltiple” lo ha vuelto a conseguir sin necesidad de acudir a histrionismos ni a alzar la voz: un buen guion te brinda un universo de posibilidades. Si eres capaz de embaucar a un actor que te lo dé todo por el bien de la película, mejor. Y James McAvoy se entrega, mostrándonos una serie de registros que dan vida a un buen puñado de personajes entre los que buscar la trampa de una peli que puede no tenerla. ¿O sí?



miércoles, 25 de enero de 2017

La La Land


Unas notas suenan al piano, a un tempo más lento del habitual. Casi se escucha el silencio entre nota y nota, mientras el pianista levanta levemente la mirada y encuentra unos ojos frente a los suyos, entre los que aparece una complicidad que nadie conoce. Esa mirada hace que todo el público allí presente desaparezca y ambos recuerden su historia en un pestañeo. Una historia de sueños compartidos y amor que nunca pudo tener un final feliz. ¿O sí?
Todos tenemos sueños. No, no me refiero a los sueños que aparecen de vete tú a saber dónde mientras dormimos. Me refiero a los sueños que tenemos despiertos, nuestras aspiraciones, nuestros deseos más profundos. No, tampoco me refiero a las cuentas de la lechera con las loterías, primitivas, euromillones y demás. Me refiero a eso que queremos con nuestra alma, esos sueños por conseguir algo que nos acompañan como un come come, un run run o como lo queráis llamar.


Algunos persiguen sus sueños hasta que los consiguen; otros en cambio se resignan a poder vivir una realidad en la que creen ser felices, pero en el fondo habrá algo encerrado en ellos mismos que les pondrá muy difícil serlo. Otros ni sueñan y pasan por la vida viendo la vida pasar.
La La Land habla de los sueños, de buscarlos, de perseguirlos y luchar por ellos con el mejor cimiento que el ser humano es capaz de encontrar: el amor. Imaginad un edificio en construcción asentado y sujeto por maderas a modo de traviesas entre puertas, ventanas, pisos y demás elementos abiertos. El edificio crece y la madera lo sujeta. En La La Land esa madera está representada por dos personajes que se conocen y comienzan la búsqueda por conquistar sus sueños apoyados el uno en el otro, sirviéndose ambos de brújula para no perder el camino.


El problema aparece cuando para cumplir tu sueño él (Ryan Gosling) pierde algo de su esencia y se deja llevar. Es entonces cuando comienzan a retirarse los maderos que cimentaban el edificio, mientras ella (Emma Stone) sigue fiel a sí misma. Al final, con el edificio ya construido pero con los caminos separados uno y otro siguen luchando, mientras las maderas que una vez sirvieron de sostén a algo tan especial están ahora arrinconadas sobre un montículo de arena a la intemperie. Pero el edificio siempre estará allí para ellos, y recordarán, cada vez que sus ojos puedan verlo, que una vez fueron parte de algo especial, de un algo que sólo ellos conocen y recuerdan cada vez que unas notas suenan al piano, a un tempo más lento del habitual…






domingo, 15 de enero de 2017

Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story)


Cuando vas a un museo, sobre todo a los de arqueología (mis favoritos) puedes hacerte una mínima idea de las condiciones de vida de las personas que poseían los objetos allí expuestos: vasijas, joyería, armas… Que sí, que está todo muy bien y puedes aprender y asombrarte de la habilidad del ser humano para hacer cosas prácticamente sin tecnología. Pero nunca llegaremos a entender el significado completo de cada uno de esos objetos, casi reliquias, que han llegado hasta nuestros días: ¿para qué se utilizó esa vasija? ¿Quién creó un collar de oro con tantos detalles? ¿Cómo aprendieron hace miles de años a esculpir la piedra de una manera tan realista?


Me gusta imaginar la historia dentro de la historia, el motivo que originó todo, las condiciones en las que se logró conservar. Jamás sabremos la realidad, y aunque en muchos casos las historias sean comunes (si es que la supervivencia se puede considerar algo común), estoy convencido de que alguno de los objetos que se exponen en los museos tienen tras de sí historias realmente apasionantes.


Con las películas ocurre lo mismo: ¿de dónde vienen las ideas que cuentan las historias que vemos en las pantallas? ¿Dónde se quedan los orígenes de los personajes? Hay veces que vemos fragmentos de la vida de los protagonistas a modo de flashback, que de alguna manera explican sus reacciones, sus sentimientos… Pero siempre quedan cosas detrás, cosas que nunca sabremos. Por ejemplo:

  • ¿A qué academia acudió el personaje de Demi Moore en Ghost para aprender a modelar arcilla?
  • ¿Qué tuvo que ser en su vida terrenal moquete para convertirse en moquete?
  • ¿Qué le ocurrió a John McLane en Nueva York para dejar marchar a su mujer a Los Ángeles?

Rogue One: Una historia de Star Wars cuenta a la perfección uno de los hilos sueltos de la saga: cómo llegan hasta Leia los planos de la Estrella de la Muerte para intentar su destrucción por parte de los rebeldes. Un eslabón de la cadena, con muescas a modo de fallos que se perdonan, porque al final lo que queda es un regusto a aventura y a ganas de más, aunque sepas que lo que viene después es algo que aprendiste hace mucho, mucho tiempo…




domingo, 8 de enero de 2017

La habitación (Room)


Algún tiempo atrás pude volver al colegio en el que comencé mis estudios, hace mucho, mucho tiempo… Había algo extraño allí, tuve la sensación de entrar en un lugar sagrado, a la espera de un reconocimiento por parte del edificio, una aprobación a modo de “eres uno de los míos” que nunca se llegó a producir.


Las escaleras, los pasillos, las aulas… todo era igual, seguía allí veinticinco años después. Pero al mismo tiempo, era distinto: las reformas producidas en todos estos años (hubo que reformar el colegio para evitar su derrumbe) habían cambiado la cara del colegio. Pero lo que más me sorprendió fue que, de repente, todo se había hecho mucho más pequeño. No lo digo por el tamaño de las sillas y las mesas, sino por el espacio en sí: tu clase, que parecía enorme hace años, es ahora un lugar en el que crees imposible meter a treinta y cinco preadolescentes; el patio en el que se desarrollaban tus juegos es ahora un lugar que recorrerías ahora en unas cuantas zancadas y los edificios que rodean el colegio habían reducido su tamaño como por arte de magia.
Cuando vuelves te sientes un poco gigante, y te vas dando cuenta que el mundo en el que creciste ya no es el mismo, ni tú tampoco: los años te han ido asentando en el lugar que te corresponde en el universo, como un edificio que hunde sus pilares en el suelo y con los años encuentra su acomodo y deja de crujir.


Algo así ocurre en La habitación: una infancia interrumpida que, al afrontar la realidad, no asume que el mundo ya no es el mismo, pero a la vez no puede evitar sentirse pequeña cuando ya no lo es. Cuando nos rompen nuestro camino y nos vemos obligados a dar rodeos y a mancharnos de barro para seguir avanzando nuestra vida ya no será igual, aunque recuperemos la senda que teníamos marcada. Pero si la senda no está escrita porque el destino desconocía tu existencia y has nacido en el fango, el camino se hace al andar, y todo aquello que te venga dado será un regalo.



domingo, 4 de diciembre de 2016

La llegada (Arrival)


Imaginad que estáis haciendo un viaje por la Toscana. Florencia es visita obligada para dar un paseo por sus calles medievales. Si ha llovido, los adoquines de la calzada reflejan las luces de las farolas y de los comercios, que han empezado la cuenta atrás para echar el cierre aunque sea prácticamente la primera hora de la tarde .Es casi invierno, y los turistas siempre aparecen por la mañana en esta época del año. Los muros de piedra de los edificios te transportan a una época medieval por un momento, haciéndote imaginar cómo se resguardarían del frío y de la humedad las personas que rondaban por allí unos cuantos siglos antes.


De repente la calle acaba. Se abre una gran plaza ante tus ojos, y lo que ves al fondo te deja clavado, aunque al mismo tiempo de sientes magnetizado y atraído hacia el edificio que se encuentra en el lado opuesto. La Basílica de la Santa Cruz, pese a su simpleza de formas, tiene la capacidad de embriagar la mirada de aquel que la observa por primera vez. Aunque es prácticamente de noche, la tenue iluminación permite apreciar sus líneas geométricas: rectángulos, triángulos equiláteros y el gran círculo que forma el rosetón tienen la armonía perfecta para, sencillamente, hacerte sentir en paz. No te has dado cuenta, pero ya estás sentado en uno de los bancos de piedra frente a la basílica, en la zona peatonal de la plaza, mientras no puedes dejar de mirar la limpieza y pureza de las líneas que forman la fachada.


De repente, recuerdas que alguna vez leíste algo sobre la Basílica de la Santa Cruz de Florencia, algo relacionado con un tal Stendhal, que, ante el avistamiento de la Basílica, manifestó síntomas físicos como palpitaciones, temblores, alteración del ritmo cardiaco y estado de confusión. Poco a poco el artículo que leíste se va haciendo más vivo, y recuerdas que el Síndrome de Stendhal lo padecen algunas personas cuando son expuestas a obras de arte particularmente bellas.
No es que viendo “La llegada” hay sufrido el Síndrome de Stendhal, ni mucho menos. Sí me sentí en algunos momentos abrumado por la trama, que te atrapa poco a poco hasta ir contándote la respiración. Tranquilos, solo ocurre durante un rato. Al igual que en la película, según vas entendiendo cosas la tensión va desapareciendo y te vas adaptando a una historia inverosímil que habla de dos de las emociones básicas que siempre han acompañado al ser humano: el miedo y el amor, y la manera de enfrentarse a uno y a otro a través de la herramienta más poderosa que ha creado el hombre a lo largo de nuestra existencia, y que en definitiva es lo que nos ha hecho evolucionar.


¿Qué es la cultura sino una de las manifestaciones del lenguaje de un pueblo? ¿Qué es el lenguaje, sino la base de la comunicación, la forma de expresar nuestras necesidades, nuestros deseos o nuestras inquietudes? La respuesta ante el miedo es eliminar la comunicación, el aislamiento interno, la confrontación. La respuesta ante el amor es el contacto, el conocimiento, la osadía. Para que exista cualquier demostración de amor es necesaria la existencia de una forma de lenguaje que emisor y receptor logren entender y descifrar, para así poder dar un paso más en su relación, en su evolución.
Esto es “La llegada”, una búsqueda del lenguaje entre dos mundos, una búsqueda de la evolución más allá de la humanidad, más allá del amor…
Una de las pelis del año que no debéis dejar pasar.